infinito
Voy a caminar con los pies, con las manos, con los codos y también voy a desplazarme reptando, de manera que no me alcancen la desesperanza ni las huestes del vacío personal.
Que me quiero.
Que quiero llegar a donde sea infinito, a esa estrella esplendente.
Que nos quiero a mí y a mis sueños encontrándonos al final del camino, desfalleciendo de cansancio, con el alma sangrando y los ojos pálidos de hartazgo, pero habiendo alcanzado aquél punto cúlmine.
Mas bien el punto inicial.
Me tatué en el antebrazo mi nombre y mi pasado, para no olvidar jamás de dónde vengo y quién soy.
El camino a mi estrella seguramente me transformará, me hará creer y desconfiar, me llenará de gozo el corazón y de hendiduras la piel. Aumentará la envergadura de mi frialdad, y acariciará mis penas, poniéndoles nombre y debilidad a cada una de ellas.
Que nos quiero a mí y a mis miedos amigándonos al final del recorrido, como dos que se cayeron mal durante toda la adolescencia sin haber tenido la posibilidad de conocerse bien.
Un día, aunque el camino sea pedregoso, arduo, hosco, y esté abarrotado de criaturas deplorables y ominosas, llegaré a mi preciado infinito y gritaré, apuntando hacia el inmenso cielo, quién soy, de dónde vengo y que finalmente encontré la estrella donde descansan mis sueños, y ahora es momento de empezar a brillar junto a ellos.
Que me quiero.
Que quiero llegar a donde sea infinito, a esa estrella esplendente.
Que nos quiero a mí y a mis sueños encontrándonos al final del camino, desfalleciendo de cansancio, con el alma sangrando y los ojos pálidos de hartazgo, pero habiendo alcanzado aquél punto cúlmine.
Mas bien el punto inicial.
Me tatué en el antebrazo mi nombre y mi pasado, para no olvidar jamás de dónde vengo y quién soy.
El camino a mi estrella seguramente me transformará, me hará creer y desconfiar, me llenará de gozo el corazón y de hendiduras la piel. Aumentará la envergadura de mi frialdad, y acariciará mis penas, poniéndoles nombre y debilidad a cada una de ellas.
Que nos quiero a mí y a mis miedos amigándonos al final del recorrido, como dos que se cayeron mal durante toda la adolescencia sin haber tenido la posibilidad de conocerse bien.
Un día, aunque el camino sea pedregoso, arduo, hosco, y esté abarrotado de criaturas deplorables y ominosas, llegaré a mi preciado infinito y gritaré, apuntando hacia el inmenso cielo, quién soy, de dónde vengo y que finalmente encontré la estrella donde descansan mis sueños, y ahora es momento de empezar a brillar junto a ellos.
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