Entradas

Mostrando entradas de junio, 2018

tus ojos.

Me miran tus ojos y los demonios que combaten en mi interior se recuestan en la hierba a descansar, abrazados unos a los otros. Me miran tus ojos y aquello que es imposible se presenta ante mí amistosamente y me concede una oportunidad. Tus ojos, me miran tus ojos y mi nariz ya no es tan grande ni mis labios tan exageradamente carnosos y ningún espejo logra detener cómo tus ojos me embellecen. Me miran tus ojos y el cielo ya no se encuentra tan alto ni tan profundamente distante el fondo del mar, pues en ellos hay todo lo que parece inalcanzable y fantasioso. Ah tus ojos y la forma en que me me abrazan, aceptando mi pasado. Ah cómo el color tus ojos da vida a mis paisajes grises, infaustos y mustios. Ah mi sonrisa, mi paz, mi esperanza en la humanidad, beben de la fuente pura de tus ojos. Ah tus ojos y la calidez que deshace la armadura rígida y fría que me protege. Me miran, tus ojos me miran  como si supieran el secreto de la felicidad, y yo sólo siento que tus ojos son ese secre...

la esperanza y el tiempo

Sin querer he dejado en el camino un centenar de jardines marchitos. Nunca entendí mucho de esperanza ni de tiempo. Mis ojos han dejado de llover por un cielo oscuro que jamás quiso enseñarles ninguna de sus estrellas, y mis manos ahora son las que marcan el ritmo de mis sentimientos. Las mariposas entienden de tiempo. Las lágrimas entienden de esperanza. ¿Habrá acaso un cielo para cada uno de nosotros? ¿Llorarán en él las mariposas hasta quedarse dormidas, y ayudará el tiempo a que de a poco la esperanza se recupere? Sigo sin poder entender por qué y cómo debe uno vivir en esta insípida conjugación de lamentos y frustraciones. Es inminente la decadencia para todos nosotros, pero, ¿quién dijo que una persona rota no puede hacer cosas admirables?. Y entonces se espera, se es paciente; llega uno incluso a distorsionar la realidad que lo circunda, creyendo o, más bien, buscando creer que pronto sucederá aquello que tanto desea. Se convence, me atrevo a decir, sin reparar en nada más, d...

ELLA

Ella. Ella es del tipo de mujer que no necesita del impulso de nadie para dar un paso al frente. Ella es noche, día, silencio y palabras afables. Ella es también un sueño y otro tanto pesadilla; es esa canción melódica que no recordas el nombre pero la reconoces en cuanto suena, por el ambiente confortable que te genera. Ella es un poema escrito en el banco de madera de una Plaza. Ella es ese verso que dice "si vas a llenarme de dudas, prefiero quedarme vacío". Ella es quien detiene con una huelga de hambre una batalla, pero no te distraigas, también puede ser la Tercera Guerra Mundial. Ella es un papel en blanco y la manzana más roja del cajón. Ella es una estrella fugaz y si alguien pudiera pedir un deseo, sería que recorra más lento el cielo para apreciar mejor tanta belleza. Ella es dulce como la miel y  te despierta como un sorbo de café, fuerte como un luchador de boxeo profesional y débil como un niño recién nacido.

Cuando voy a verte

Falta poco para verte así que decido empezar a prepararme. Busco mi mejor sonrisa, mis chistes más buenos y junto en una bolsita de cartón las palabras justas para decirte. Orgullosa y un poco ansiosa, me dirijo hacia vos. Camino distraída, hasta que me doy cuenta de que son las ultimas cuadras y sin poder evitarlo recaen sobre mí los nervios haciéndome sentir un tumulto interior. Toco timbre y hago un ultimo chequeo de todo lo que te traigo, para asegurarme de que siga en orden. Escucho tus pasos acercándose a la puerta de tu edificio , como el segundero caprichoso e inquieto de un reloj, mientras inunda el ambiente un profundo silencio. Hasta que por fin sucede. Abrís la puerta e inevitablemente se repite lo que ocurre cada vez que vengo a verte. Se me escapa la sonrisa que pretendía regalarte, se me pierden por algún lugar los chistes que tenía para contarte y se vuelan todas palabras que traía en la bolsita de cartón. Permanezco desconcertada e inmóvil durante unos segundos. P...

máscara

¿Cuántas máscaras pretendes usar esta semana? Porque los siete días pasados fueron mas de diez, y la anterior fueron tantas que perdí la cuenta. Esta semana tengo esperanzas de que se reduzca la cantidad, pero siempre sos de sorprender y probablemente hayas conseguido algunas más en un quiosco chino. O quizás las hiciste vos, en tu tiempo libre, porque tu orgullo quiere dar batalla y sus métodos son certeros contra mis ilusiones. Calidez. Frialdad. Ira. Ternura. Desprecio. Tibieza. Augurio. Calma. Desazón. Claridad. Vacío. ¿Siempre alguno de estos decorados tiene que predominar? Porque hoy venís con calma y mañana me escupís gotas de ira. Dale, sé claro y dejate de yemas. No ves que me cuesta entender esta calesita azarosa, que está presente cada vez que nos vemos y que nunca se frena en el momento indicado, siempre se encapricha en contradecir nuestras ganas y nos despierta sentimientos opuestos, en una misma situación. Te miro y no logro reconocer qué máscara tocó hoy. Me observas y...

Te miro

Te miro y me miro y no entiendo nada. Si somos la misma , pero lucimos diferente. Si compartimos el corazón como órgano vital, pero discrepamos en sentimientos. Si permanecemos en la misma vida, pero la miramos desde perspectivas diferentes. Somos paralelas en tantas cosas y perpendiculares en otras. Pero te acepto, y vos a mí, aunque odies que vaya por la vida feliz. Porque somos la misma y no nos queda otra que darnos la mano, perdonarnos y seguir. Jamás vamos a estar de acuerdo en todo eso que discrepamos desde que existimos, eso está firmado por puño propio de cada una. Te acepto y respeto tu cara de odiar el trayecto, te acepto y acá estoy, para cuando quieras charlar de alguna encrucijada, te acepto y sé que vos me aceptas también, porque somos la misma y no te queda otra que bancarme todos los días feliz, sonriendo, porque así es como afronto yo el trayecto. Puede que eso lo haya imitado de Benedetti o de mi abuela, que jamás me mostró su risa desdibujada. No lo sé, pero te a...