Cuando voy a verte

Falta poco para verte así que decido empezar a prepararme. Busco mi mejor sonrisa, mis chistes más buenos y junto en una bolsita de cartón las palabras justas para decirte. Orgullosa y un poco ansiosa, me dirijo hacia vos. Camino distraída, hasta que me doy cuenta de que son las ultimas cuadras y sin poder evitarlo recaen sobre mí los nervios haciéndome sentir un tumulto interior.
Toco timbre y hago un ultimo chequeo de todo lo que te traigo, para asegurarme de que siga en orden. Escucho tus pasos acercándose a la puerta de tu edificio , como el segundero caprichoso e inquieto de un reloj, mientras inunda el ambiente un profundo silencio. Hasta que por fin sucede.
Abrís la puerta e inevitablemente se repite lo que ocurre cada vez que vengo a verte. Se me escapa la sonrisa que pretendía regalarte, se me pierden por algún lugar los chistes que tenía para contarte y se vuelan todas palabras que traía en la bolsita de cartón. Permanezco desconcertada e inmóvil durante unos segundos. Pienso cómo arreglar las cosas y me doy cuenta de que no me queda otra que ser yo misma. Con mi sonrisa, que no es la mejor, pero es sincera porque me sale en el momento y te la regalo a vos. Con mis chistes que, por más que ahora no tenga ninguno, improviso cualquier tontería para que te rías un rato. Y también con mis palabras, que ya no son las que te iba a decir porque quedaban bien, sino las que me salen, todas transparentes y verdaderas. Porque no me queda otra que olvidarme de lo que traía para vos y ser yo misma.
La próxima vez que venga voy a acordarme de traer una bolsa más segura, o tal vez una caja, y de no mirarte directo a los ojos cuando abras la puerta, porque si no sucede lo mismo de siempre: Una catástrofe natural-unipersonal. Terremotos, huracanes, tsunamis, todo junto.

Miro alrededor y a nadie le afectó nada de lo que provocaste, pero a mí, a mí se me escapó la mejor sonrisa, se me perdieron los mejores chistes y se me volaron las palabras que tenía para decirte. Y no, no me quedó otra que ser yo misma.                                                                           Sos mi pequeño y gran hombre, siempre me generas hermosas sensaciones porque mi amor por vos es tan intenso que mi corazón se acelera a cien por segundos cuando te veo, hasta llegar a tu cálida boca y besarte como si nunca te hubiese besado.

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